Los pequeños lunares de sus brazos desnudos, su cuello, tan
delicado, obsequiando a mis ojos con la textura de su piel. Toda su mágica
figura envuelta bajo ese sencillo vestido… Pero es su mirada, es su mirada la
que me hipnotiza, la que me extrae suspiros y pone en marcha mi imaginación.
Tan solo sé que cuando mis ojos se cierran y creo que por
fin mis pensamientos tendrán otros menesteres por los que rondar, vuelve a
aparecer ella, una y otra vez. Tres veces me levanté en medio de la noche, las
tres todavía con el sabor de sus labios sobre los míos, el corazón agitado y
con la necesidad de tomarme un tiempo para darme cuenta de que tan solo estaba
soñando. El problema es que el simple hecho de que ella exista es un sueño
hecho realidad.
Es su mirada, me repito, es la chica de la mirada azul.
Azul, como el cielo, como el océano, inmensa, impenetrable,
misteriosa, tan bella que contemplar esos ojos me abruma, una mirada tan fría
que hasta quema…
Y siento que muero por dentro, que mis entrañas se encogen,
que mi alma se retuerce, todo por ella, por estar tan cerca y a la vez tan
lejos, por tener la fortuna de observar algo tan hermoso, sentir que incluso
podría atrapar el aire que respira, pero sin llegar a fundirme con su aliento.
Despliega dulzura por cada uno de sus poros, su sonrisa es
cálida, sus ilusiones son nobles y sus pensamientos sensatos.
Ya sé que quizás hablo sin cordura, que estoy ciego, o
quizás no, tal vez simplemente nunca había visto algo tan bello y mi visión tan
solo se ha agudizado. Porque ahora nada me parece comparable a la chica de la
mirada azul.
La primera vez que la vi, intenté no posar mis ojos sobre
los suyos, recuerdo que tenía miedo, tenía miedo de que ocurriera lo que ha
ocurrido, que me perdiera en ellos. No pude resistirme y ya desde ese momento
quedé cautivado por aquella mirada. Traté de olvidarla, de olvidar el horizonte
que se expandía infinito tras sus pupilas, pero como es obvio, fui incapaz.
Así que aquí me hallo, sediento de más agua de aquel mar
incontenible, haciendo como si mi corazón no latiera desatado, hablando con
ella como si fuese un ser terrenal, viendo desfilar su cuerpo delante mío día
tras día, compartiendo historias y amistad, preguntándome si en el algún
momento será consciente de que su presencia llena mis pulmones de aire puro,
que su belleza me obliga a escribir, en un vano esfuerzo por describir lo que
siento. Me pregunto si en algún momento se dará cuenta de que ya nunca podré
olvidarla, que cada segundo a su lado se ha grabado en lo más profundo de mi
ser, que la melodía de su voz siempre resonará en mis oídos…
Pero la belleza es tan delicada como la brisa, como el aire
que nos da la vida, y la suave brisa no se puede capturar, ni siquiera palpar,
porque la esencia de la belleza radica en la libertad, en saber que no te
pertenece, que simplemente es un regalo para el alma, que te hace despertar y
soñar…
Así que simplemente me deleito a su lado, compartiendo
historias y amistad, mientras ella actúa con sencillez, con alegría inundando
sus labios y completamente ajena a su esplendor celestial, como si fuera un ser
más sobre la tierra.
Yo solo sé que sus ojos son el cielo y que tengo ganas de
volar, Ella es la chica de la mirada azul.
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