lunes, 14 de abril de 2014

Reflexiones sobre mi mundo



Observo miradas severas, tranquilas o ilusionadas, veo hombres trajeados, caminando apresurados, con el cabello engominado, así como mendigos, tendiendo la mano, con las ropas ajadas y gesto cansado, huelo fragancias enmascarando olores humanos, escucho parloteos, quejas y a veces carcajadas, distingo colores y diversas formas entre los ropajes, mujeres ancianas, cubiertas en piel, niños saltarines con el mundo a sus pies, jóvenes distraídos, imbuidos en sus asuntos, algunos fumando, otros soñando, percibo latidos, corazones inquietos, algunos rotos, pero todos palpitando, adivino pensamientos, sueños y ambiciones, madres de familia e hijos caprichosos, manos entrelazadas, labios que se buscan y sonrisas encontradas, veo almas humanas, todas ellas de algún modo conectadas, forjadas por el amanecer, sin importar su procedencia , destino o menester.

Vivo en un mundo en el que existe la riqueza, para muchos en forma de joyas, lámparas raras y aviones privados, para otros se mide en abrazos sinceros, en seres queridos, en recuerdos memorables y sueños cumplidos. También hay pobreza, en el mundo en el que vivo, además de muchos tipos, está la pobreza de los pobres, que aguan la sopa y comparten el pan y también la de los ricos, que en este caso suele ser espiritual. En este mundo, los árboles crecen y las flores se marchitan, los ríos fluyen como la vida, las montañas se alzan en busca del cielo y los mares se funden en arena, la belleza aquí siempre está presente, puedes percibirla en unos ojos azules, en un cielo anaranjado o en un cuadro recién enmarcado. Algunas personas en este mundo venden sus principios, otros dan la vida por sus ideales, en este lugar hay villanos, sin súper poderes, pero con viles intenciones, existen los héroes, anónimos y corrientes, que tan solo quieren el bienestar de la gente. En este mundo cada día, al alba, se libra una batalla entre la luz y la oscuridad, cada vez que el sol pide permiso a la noche, para despertar, para luego devolverle el horizonte, en el crepúsculo final. Así pues, mi mundo rebosa vida y muerte por igual. Sin embargo, hay algo más, una fuerza irracional, una chispa de emoción, el impulso del espíritu, el amor.

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