-Soy la racionalidad que odias, la frialdad de la que
escapas, pero estoy dentro de ti, formo parte de tus decisiones, por más que
siempre quieras apartarme.
-Lo sé, sé que te necesito, sé que sin tus fríos consejos,
habría ardido hace mucho.
-Entonces, ¿Por qué me rechazas?
-Supongo que lo hago porque eres el antihéroe de mis sueños.
Siempre que abro las cerraduras de mi pensamiento, tú estás custodiando,
tramando mi encarcelamiento nuevamente.
-No intento encerrarte, tan solo evitar que te destroces las
alas.
-Pero qué alas, si nunca me has dejado volar.
-Sí que lo has hecho, tú eres de los que vuela todo el
tiempo, he visto la admiración que tienes hacia los pájaros. Los envidias, te
imaginas siendo uno, por eso nunca dejas de mirar al cielo.
-Y tú siempre estás perdida en la tierra, pudriéndote con el
resto de seres conformistas.
-Es irónico, ya que tú eres el primero que te conformas.
-¿Y con qué me conformo?
-Con soñar.
-¡Soñar no es conformarse!
-Si lo único que haces es soñar, te estás conformando con
observar a tus ilusiones flotar por el aire, realmente no las interiorizas, ni
las experimentas como propias.
-Nunca lo había visto de ese modo.
-Lo sé.
-Tú te crees que sabes todo, y tampoco es cierto, tú no
llegas a las nubes, tú no conoces el calor de las lágrimas, los gritos del
alma. No tienes ni idea de lo que es la piel de gallina, que tu garganta te
arda de tanto rugir, tú no entiendes la vida.
-Pero tú tampoco la entiendes.
-No necesito entenderla, yo solo la vivo.
-¿En serio? Te crees que vives cada instante con la máxima
intensidad, pero lo único que haces refugiarte en las alegrías de la emoción.
Es adictiva, esa emoción, la necesitas, y cada vez en mayores dosis.
-Eso es por tu culpa, tú eres la que no conformas con ser
feliz, con palpar el viento y admirar el horizonte. Tú eres la que exiges más.
-¿Entonces admites que te conformas?
-Tan solo estás intentado engatusarme, alejarme de lo que
quiero.
-Y Tú continúas hablando como si yo estuviera fuera de ti.
Como si pudieras desprenderte de mí.
-Cada vez que apareces, la felicidad se aleja un poco más.
-Eso es porque no sabes utilizarme.
- Y tú lo único que haces es intentar imponerte, creerte más
importante.
-Estamos enfocando esto de manera errónea.
-Tú eres la que estás equivocada. ¡Vete!
-No te das cuenta, no puedo irme.
-No sé qué hacer, estoy perdido.
-Me necesitas.
-Y tú a mí.
-Lo sé.
-¿Entonces por qué discutimos?
-Porque supongo que incluso yo, tengo algo de irracional, y
a ti todavía te quedan vestigios de frialdad.
-Puede que sea algo bueno pararse a razonar de vez en
cuando. Canalizar las energías, apuntar al cielo, tener una estrategia.
-Y tal vez, aunque te marques el camino, es bueno recordarte
que nada saldrá como te lo esperas, que en muchas elecciones no debes
escucharme, y guiarte por tus latidos. Sé que no me necesitas, pero yo a ti sí.
Y estaré aquí siempre que vengas sangrando, para reorientarte, para ponerte
hielo a las heridas y prepararte para la siguiente batalla.
-Y eso será lo que haga. Y te equivocas, ninguno necesita
del otro, ni siquiera estamos separados. No sé por qué nos enemistamos, pero
somos uno solo. Cuando nos topamos ante una flor, tú la ves, y distingues sus
pétalos, y acercas tu nariz para analizar su fragancia. Yo, en cambio, tan solo
la admiro, con los ojos cerrados, me inundo y respiro de ella. Pero todo eso
ocurre al mismo tiempo, sin que ninguno de los dos haga una sola elección,
ambos captamos la belleza de la flor. Juntos, formamos la percepción completa.
-Porque el calor no tendría sentido sin el frío, y la vida
estaría demasiado sola sin la muerte. Formamos parte de un todo, y el todo
forma parte de nosotros.
-No podría expresarlo mejor.
-Lo sé, lo tuyo no son las palabras.
-Exacto. Yo me impregno de rocío, me lleno las uñas de
mugre, acaricio crines de caballos y me lleno los rizos de granitos de arena.
Tú te encargas de interpretar mis latidos, darles sentido, empuñar mi
inspiración y transformarla en palabras.
-Y juntos, escribimos nuestra historia.
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